xiii. El pato Julio
Anoche nos habló del regalo de cumpleaños que más le ha marcado: cuando cumplió ocho años su madre le regalo el mes de julio un pato al que llamo Julio (hay que tener narices para nacer en julio y que te llamen así - claro que mejor es eso que nacer en noviembre y que te llamen Noviembro...). Le regalaron un patito en el bien entendido (o en el mal entendido como se verá) que al acabar las vacaciones el pato ya les habría dejado por una vida mejor... y no precisamente en Patolandia.
El pato, ante el alborozo de Bonstzulix, y la sopesada mirada de su madre, acabó julio y superó agosto convirtiéndose en un patazo. El verano terminó y en las playas de Nerja cantaba el Dúo Dinámico una deprimente canción en una mañana gris, y Bonstzulix, su mamá y un pato llamado Julio dejaron la playa y fueron a la ciudad.
De camino en el coche Bonstzulix oyó unos ruidos en el maletero... Su madre, que quería mucho a su hijo, pero no tanto al pato, había aceptado llevarlo a la ciudad pero había “olvidado” atar las maletas en el maletero: ¡Bim, bam, boum, cuac!
Al llegar al destino y abrir el maletero solo se podían ver plumas y mas plumas... y entre todas las maletas ¡cuac! Ahí estaba el superviviente: el pato Bond, Julio Bond, sonriendo ante el alborozo de Bonstzulix y la contrariada mirada materna.
La madre, ágil como solo lo son las madres, resolvió la situación convenciendo a Bonstzulix de que el pato, un señor pato, estaría mejor en casa de la abuela porque allí habían otros animalitos: canarios, pericos, un hámster... y un rottweiler.
Al cabo de un mes Bonstzulix fue a visitar a su patito. Al abrir la puerta pasó fugaz el rottweiler perseguido por el pato Godzilla: CUAC, CUAC, CUAC. El perro llevaba una venda en la cabeza pues Julio Bond Godzilla tenía como diversión favorita picotearle el cráneo al rottweiler.
Al final, la situación era insostenible (que se lo digan al difunto rottweiler) por lo que la buena madre intervino de nuevo: donaron el pato al ayuntamiento, un hermoso y fornido pato blanco, para que acompañara al resto de ánades en el estanque municipal.
Así que la familia se reunió a celebrarlo, ante la mirada apesadumbrada de Bonstzulix y el alborozo materno, comiendo un gran pavo.
Pasaron muchos años y casi todos los días Bonstzulix fue a ver a Julio al estanque.
Cuando Bonstzulix cumplió veinte años seguía visitando al pato, iba hasta con su novia, por lo que su madre se vio en la obligación de hablar con él para decirle que era hora de madurar y que aquello no fue un pavo.

